Ramona Cano. Inspectora del Cuerpo Nacional de Policía licenciada en Historia y con una formación teórica muy superior a la media del colectivo, sin embargo, apenas tiene experiencia en el trabajo policial porque se ha pasado toda su carrera dedicada a labores de archivo. Tiene poco más de cuarenta años, es viuda y madre de un joven de dieciséis.

Su marido era también inspector y estaba destinado en la Policía Científica por su condición de Biólogo. Murió en un accidente de coche en las Cuestas de Garraf (Barcelona).

Su primer caso como policía de Homicidios coincide con el traspaso de competencias a los Mossos d'Esquadra (año 2003).

Silvana. Psicoanalista argentina amiga de Ramona. Ha nacido en Ushuaia, en plena Tierra de Fuego. Es propietaria de una casa de planta baja en El Carmelo de Barcelona, una zona lindante con la montaña por la que pueden verse jabalíes merodeando. Es una zona poblada de pinos y vegetación en la que pueden hallarse bolets (setas). Está alejada del centro pero Silvana es feliz allí. Ramona se fue a vivir con ella a raíz de quedarse viuda porque no podía mantener ella sola una vivienda y los estudios de su hijo,

Silvana es el alma de la casa; de espíritu libre y solidario, es un sostén para todos sus habitantes porque siempre tiene la palabra justa de consuelo que los demás necesitan. Aficionada al mate ty otras hierbas, reparte su ternura con un enorme gato montés que recogió por la montaña de una camada en la que solo quedaba él. Se lama Rufino.

Tito.  Otro de los huéspedes de Silvana, un informático que conoció cuando ejercía su profesión al que concedieron una invalidez total por un brote psicótico debido al estrés, no solo de su profesión y por las exigencias de sus jefes, sino por el robo de un sistema de seguridad que él estaba confeccionando para un banco y que un grupo de hackers robó, dejando en evidencia su labor.

Es obeso y su único interés, además de la informática, es comer. Devora pistachos, cacahuetes, dulces y toda clase de alimentos durante todo el día, además de dar buena cuenta de los platos que Silvana elabora.

Daniel. Hijo de Ramona que estudia en Irlanda y que mantiene una relación ambivalente con su madre, que va desde la admiración al desprecio, pero en la primera novela los acontecimientos acercarán a ambos y la relación dará un giró de ciento ochenta grados.

Lo mismo sucederá con su carácter, al principio de niño mimado por su abuela que solo piensa en satisfacer sus deseos. A lo largo de la primera historia de la saga, Daniel se convertirá en un apoyo para su madre y un joven responsable que desea estudiar Química, Biología o Medicina para seguir los pasos de su padre e ingresas en los Mossos d'Esquadra, dentro de la Policía Científica. 

Doña Pura. Madre de Ramona. Es una mujer amargada y muy puritana, nacida en un pueblo de Valladolid, que se tuvo que casar porque quedó embarazada, algo que jamás le perdonó a su marino e hizo pagar a su hija. Es una persona arisca que no muestra ninguna emoción ni se permite ninguna debilidad.

Con el único que mantiene una relación cordial es con su nieto. Culpa a Ramona del carácter irresponsable de su nieto y le reprocha que, según sus parámetros, sea una mala madre. No aprueba que el chico estudie en Irlanda.  

Pedro Jambrina. Psicólogo de la Policía Nacional e inspector que participa en la selección de nuevos policías.

En la primera novela elabora, a petición de Ramona, un perfil psicológico del asesino que persiguen y que no logran atrapar pese a tener a su disposición todos los medios de que dispone la policía Nacional, que no son muchos por el momento histórico que vive, muy cercano a su desmantelamiento en lo que respecta a la seguridad ciudadana. 

 

Comisario Valdés. Jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana y valedor de Ramona. Él confía en la inspectora a pesar de su escasa experiencia, pero también se ve obligado por la desbandada que sufre la Jefatura, ante la inminente desaparición de las competencias en este cometido por traspasar el servicio a los Mossos d'Esquadra.

Se resiste a pedir ayuda a pesar de los escasos avances que Ramona logra en la investigación y lo hace acuciado por el Jefe Superior que no desea dejar un caso tan sangrante sin resolver, en el momento de traspasar las competencias. 

 

Albert Molins. Mosso d'Esquadra asignado al caso de El asesino del ajedrez y que inmediatamente se hace amigo de la inspectora Cano. Es un hombre conciliador que aporta una visión constructiva dentro del trabajo policial, muy alejada de los jefes que, unos porque desean hacerse con el mando y otros porque no quieren perderlo, están más pendientes de su prestigio que de resolver la serie de asesinatos que tienen atemorizad a la ciudad.